martes, 26 de diciembre de 2006



Aprender de nuestra Historia ayuda a evitar los errores de la mala escuela de algunos que gobiernan o aspiran a gobernar ....










No tenemos más remedio que revisar por deformación profesional las actitudes y actuaciones de nuestros políticos, fiel reflejo de lo que es un país.

Ya se dijo que – “cada estado tiene el gobierno que se merece” – y en democracia, más que en otros tipos de gobierno, eso es lo que ocurre siempre, porque todos podemos votar y a veces no lo hacemos. Eso sí, después opinamos, criticamos y sabemos mejor que nadie como hacer las cosas que decimos que no hacen los gobernantes elegidos. Además, los que ya gobernaron, tienen brotes de lucidez y creatividad en sólo entonces sugieren y exigen soluciones que no aplicaron cuando estaban en el poder.

Por lo tanto, hoy, debo hablar de nuestra “mala escuela” como pueblo en general, y que conste que me incluyo como auto-critica cuando actúo de modo erróneo.

Como cada año, Su Majestad, El Rey, se dirige en ese ya clásico mensaje a través de las cadenas de televisión. Después de tres décadas como Jefe de Estado y casi tantos mensajes, no es de extrañar que muchos piensen que nada nuevo se ha dicho. Difiero.

Los que hemos vivido momentos tan estelares en la andadura hacia la democracia de los cuales no pocos políticos se jactan hoy, como ciudadano llano, he observado esa evolución. He llegado a la conclusión que los Mensajes Reales deben escucharse y evaluarse en el conjunto, dentro del contexto de la realidad política de cada momento.

Para ello, es esencial que el que oye y ve tenga la información de la actualidad sobre cual esta disertando Su Majestad, cosa que no suele ocurrir en por lo menos 2 de cada 10 oyentes o espectadores televisivos.

La realidad de esta España del Siglo XXI dista mucho de aquella que dejaba atrás casi 40 años de dictadura impuesta. Incluso ya ha marcado claras diferencias con aquel Estado Español de la Transición, precisamente el que acabó dando legitimidad a la Corona.

Si entonces se eligió una fórmula que permitió sentar a dialogar a Santiago Carrillo y Manuel Fraga hasta llegar a un consenso, hoy el reto de ese mismo Estado ya más afianzado es algo más que eso. Quizá eso es lo que habría que leer entre líneas en los consejos nada despreciables del Jefe de Estado, El Rey.

Si cuando llegara al Trono venía con un testamento de un dictador bajo el brazo, hoy, Su Majestad ha demostrado que ha sido capaz de aglutinar alrededor de Su Real Persona a unos y otros con una aceptación general desde los fieles monárquicos hasta los contestatarios republicanos. Dudo que cualquiera de los políticos españoles de todos los tiempos tuviera la destreza para semejante hazaña.

Para ello, la reciente Historia demuestra que si algo le ha servido como palanca para librar esta andadura democrática a nuestro Rey, ha sido precisamente su prudencia y voluntad de diálogo.

Eso quizás sea el mensaje que intentó plasmar en su Mensaje Navideño, un toque de atención a unos y a otros del arco político del Estado, para que unos sean prudentes en sus optimismos y otros realistas para sentarse a negociar.

España ha avanzado aunque sigue teniendo problemas. El marco del Estado ya va más allá de las fronteras que demarcan Los Pirineos y las decisiones políticas más allá de La Moncloa y las respectivas sedes autonómicas. Por eso es tan relevante que cada ciudadano español sepa que tiene deberes que cumplir dentro de ese marco ampliado, si desea beneficiarse de los derechos que el Estado Español dentro del contexto europeo y mundial le tiene que garantizar.

Ni podemos meramente añorar el pasado, ni aferrarnos a una Transición superada, ni escondernos en el presente del futuro que todos nos merecemos.

Para ello, hay que aportar con una “buena escuela” en el terreno donde ejerzamos nuestra parcela de influencia – en el gobierno, en la oposición, en el Parlamento, en la judicatura, en las fuerzas de seguridad y defensa, en las Administraciones Públicas estatal y autonómicas, en las escuelas, en las empresas, en las agrupaciones sociales, religiosas y culturales, en las empresas, en los hogares y hasta en las calles de nuestras ciudades y pueblos.

Sin esa conciencia de participación de todos, reine quien reine, gobierne quien gobierne, el Estado Español lo tendría difícil alcanzar la máxima aspiración de VIVIR TODOS EN PAZ y PLENITUD DE CONVIVENCIA.



Fernando Fuster-Fabra Fdz.
Experto en Relaciones Humanas